Imperios y revoluciones: 1613–1825

La Nueva Ámsterdam holandesa contra el Imperio español
En la década de 1620, Nueva Ámsterdam (que pronto se denominaría Nueva York) era una diminuta aldea holandesa con un puerto excelente en la colonia de los “Nuevos Países Bajos”. La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales—una corporación privada y militarizada—fundó el puerto para poder comerciar en pieles y madera. Pero Nueva Ámsterdam también serviría como base militar contra el vasto Imperio español en el hemisferio occidental. Los holandeses odiaban a los españoles, a cuyo monarca estaban sometidos, y contra el cual se habían rebelado por mucho tiempo.
 
En 1647, con el objetivo de reforzar su puesto fronterizo en Norteamérica, la compañía trasladó a Peter Stuyvesant desde Curaçao, su base de operaciones en el Caribe. Stuyvesant, quien había atacado la entonces española isla de San Martín (perdiendo una pierna en la acción), asumió el título formal de “Director General de los Nuevos Países Bajos, Curaçao, Bonaire y Aruba”.

La Nueva York británica contra el Imperio español
En 1664, los ingleses arrebataron Nueva Ámsterdam a los holandeses y la rebautizaron como Nueva York. La ciudad se convirtió entonces en parte de un nuevo imperio en ciernes.
 
Al igual que los holandeses, los ingleses buscaban extender sus dominios a costa de los españoles; eran protestantes, y durante la mayor parte de su gobierno reprimieron el catolicismo en Nueva York. Compartían también una antipatía cultural hacia España (los holandeses habían luchado para librarse del yugo ibérico), tachando a sus rivales de bárbaros, déspotas y crueles. Y los habitantes de la Nueva York colonial, como los habitantes de la antigua Nueva Ámsterdam, absorbieron esa mezcla de miedos y prejuicios holandeses e ingleses contra los españoles, que llegó a conocerse con el nombre de la “leyenda negra”.

Nueva York como centro del comercio caribeño
Dadas las dificultades y limitaciones de su sistema de flotas y vulnerable al mal tiempo y a los ataques de los corsarios de los imperios rivales, España era incapaz de proveer adecuadamente comida y otras necesidades a sus colonias americanas. Los colonos españoles se dirigieron entonces al Imperio inglés para abastecerse. Los habitantes de Nueva York y de otros puertos ingleses expandieron con avidez su comercio con aquellos. Los comerciantes vendían pescado, madera y harina en lugares como La Habana y la ciudad de México, y volvían con azúcar, café y monedas de plata, que hacían gran falta.
 
Para la década de 1740, los neoyorquinos habían ya establecido amplias rutas de comercio con las posesiones españolas en tierra firme y en el Caribe, y con las holandesas, francesas y portuguesas también, a pesar de los esfuerzos de cada imperio por mantener el comercio colonial dentro de sus propios límites. Este próspero comercio estimuló la agricultura y la manufactura local y convirtió a Nueva York en una importante ciudad portuaria del Atlántico.

España apoya la Guerra de Independencia americana & Nueva York acoge a los españoles
Los norteamericanos que lucharon por la independencia de 1763 a 1783 dependían de la ayuda militar, monedas de plata y enormes préstamos de Francia y España. España envió dinero y provisiones a través de comerciantes particulares,como Diego María de Gardoqui, de la compañía Gardoqui e Hijos de Bilbao.
 
Después de la Guerra de Independencia, agradecidos por su apoyo durante el conflicto y en reconocimiento del gobierno republicano de los Estados Unidos, los habitantes de Nueva York desarrollaron una nueva tolerancia hacia sus antiguos rivales y comenzaron a recibir abiertamente a los españoles. George Washington invitó a Gardoqui a presenciar de pie junto a él la ceremonia de su  toma de posesión como presidente en 1789. Algo aún más sorprendente fue la construcción de la primera iglesia católica de la ciudad—St. Peter’s en Barclay Street—por parte de la diminuta comunidad hispanohablante, con ayuda de fondos y arte de España y México. 

Patriotas latinoamericanos en Nueva York
En 1784, en el momento mismo en que España estaba estableciendo su presencia en Nueva York, el venezolano Francisco de Miranda llegó a la ciudad en busca del apoyo de ciudadanos destacados “para la libertad e independencia de todo el continente hispanoamericano”. Volvió en 1806 para reclutar gente con vistas a una expedición militar a Venezuela. La misión fue un fracaso, pero eso no disminuyó el apoyo de Miranda o el entusiasmo de los habitantes de Nueva York por la causa de la independencia en el sur. Miranda murió en una cárcel española. Su determinación inspiró a muchos líderes de la independencia latinoamericana, tales como el argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar.
 
Las guerras por la independencia en la América hispana duraron quince terribles años, de 1810 a 1825. A diferencia de sus vecinos del norte, los rebeldes luchaban para liberar a todo un continente. Al final, España perdió todas sus colonias, excepto Puerto Rico, Cuba y Filipinas. En el año de 2010 se celebra el bicentenario de las independencias latinoamericanas.

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