Nueva York como centro del comercio caribeño

Dadas las dificultades y limitaciones de su sistema de flotas y vulnerable al mal tiempo y a los ataques de los corsarios de los imperios rivales, España era incapaz de proveer adecuadamente comida y otras necesidades a sus colonias americanas. Los colonos españoles se dirigieron entonces al Imperio inglés para abastecerse. Los habitantes de Nueva York y de otros puertos ingleses expandieron con avidez su comercio con aquellos. Los comerciantes vendían pescado, madera y harina en lugares como La Habana y la ciudad de México, y volvían con azúcar, café y monedas de plata, que hacían gran falta.
 
Para la década de 1740, los neoyorquinos habían ya establecido amplias rutas de comercio con las posesiones españolas en tierra firme y en el Caribe, y con las holandesas, francesas y portuguesas también, a pesar de los esfuerzos de cada imperio por mantener el comercio colonial dentro de sus propios límites. Este próspero comercio estimuló la agricultura y la manufactura local y convirtió a Nueva York en una importante ciudad portuaria del Atlántico.

Juan Bautista Romero (Spain, 1756–after 1802), Still Life with Chocolate and Strawberries, ca. 1775–90. Oil on panel. North Carolina Museum of Art, Purchased with funds from the North Carolina State Art Society (Robert F. Phifer Bequest), G.52.9.184. El chocolate mesoamericano hecho de los granos del cacao cautivó a los europeos, especialmente a los españoles, quienes endulzaban sus bebidas de chocolate con azúcar. Los neoyorquinos desarrollaron su propio gusto por lo dulce, mezclando el chocolate de la América española con azúcar de las colonias inglesas. 
Juan Bautista Romero (Spain, 1756–after 1802), Still Life with Chocolate and Strawberries, ca. 1775–90. Oil on panel. North Carolina Museum of Art, Purchased with funds from the North Carolina State Art Society (Robert F. Phifer Bequest), G.52.9.184.
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