La Nueva Ámsterdam holandesa contra el Imperio español

En la década de 1620, Nueva Ámsterdam (que pronto se denominaría Nueva York) era una diminuta aldea holandesa con un puerto excelente en la colonia de los “Nuevos Países Bajos”. La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales—una corporación privada y militarizada—fundó el puerto para poder comerciar en pieles y madera. Pero Nueva Ámsterdam también serviría como base militar contra el vasto Imperio español en el hemisferio occidental. Los holandeses odiaban a los españoles, a cuyo monarca estaban sometidos, y contra el cual se habían rebelado por mucho tiempo.
 
En 1647, con el objetivo de reforzar su puesto fronterizo en Norteamérica, la compañía trasladó a Peter Stuyvesant desde Curaçao, su base de operaciones en el Caribe. Stuyvesant, quien había atacado la entonces española isla de San Martín (perdiendo una pierna en la acción), asumió el título formal de “Director General de los Nuevos Países Bajos, Curaçao, Bonaire y Aruba”.

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Spain, 1599–1660), Portrait of King Philip IV, 1623–24. Oil on canvas. Meadows Museum, SMU, Dallas, Algur H. Meadows Collection, MM.67.23.
De 1621 a 1665, Felipe IV reinó sobre un imperio que se extendía de España a las Filipinas. Este poderoso monarca eligió al artista más notable de su reino como su pintor de la corte. En 1623, Diego Velázquez pintó la primera de muchas semblanzas de Felipe, captando al rey como un joven de piel lisa y sin arrugas, muy distinto del monarca acabado que aparece en el famoso retrato de 1644 de la Frick Collection de Nueva York, o en la obra maestra del artista, Las Meninas, de 1656, que se halla en el Prado.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Spain, 1599–1660), Portrait of King Philip IV, 1623–24. Oil on canvas. Meadows Museum, SMU, Dallas, Algur H. Meadows Collection, MM.67.23.

Panel, 17th century. Lent by the Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund and Director's Discretionary Fund, 1984 (1984.301a). Usando mano de obra esclava de indígenas y africanos, España extrajo riquezas fabulosas de las minas de plata en toda Hispanoamérica, en particular de las de “El Cerro Rico” de Potosí en la actual Bolivia. Las embarcaciones españolas transportaban la plata a Cuba para entonces ser transferidas a flotas celosamente vigiladas que partían hacia España dos veces por año.

La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales asaltaba a las embarcaciones españolas en lugar de atacar directamente los baluartes tales como México y Perú. En 1628, el almirante Piet Hein logró una importante victoria al interceptar la flota española del tesoro antes de que zarpara de Cuba con doce millones de florines holandeses en plata y otras mercancías. Entre las mercancías del botín se encontraba la cochinilla—el más brillante y duradero tinte rojo usado por tejedores y pintores. Codiciada por los europeos, la cochinilla representaba para la España del siglo XVII más ganancias que todos los otros productos del Nuevo Mundo, fuera de la plata.

Panel, 17th century.Lent by the Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund and Director's Discretionary Fund, 1984 (1984.301a).

José Antonio de Alzate y Ramírez (1737–99), Memoria sobre la naturaleza, cultivo, y beneficio de la grana, 1777. Edward E. Ayer Manuscript Collection, The Newberry Library, Chicago. Los pueblos prehispánicos alimentaban a los insectos de la cochinilla en hojas de nopal y después extraían un tinte rojo de los restos pulverizados de las hembras. Los conquistadores españoles pronto descubrieron el valor de la cochinilla, y para mediados del 1500, los barcos españoles transportaban enormes cantidades de insectos secos en sacos de piel. Como el insecto de la cochinilla no se podía cultivar en Europa, los rivales de España ahora tenían otro motivo para procurar apoderarse de las posesiones de España. 
José Antonio de Alzate y Ramírez (1737–99), Memoria sobre la naturaleza, cultivo, y beneficio de la grana, 1777. Reproduction. Edward E. Ayer Manuscript Collection, The Newberry Library, Chicago.
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