Comercio y de Intercambio Cultural

El comercio produjo un contacto más cercano entre las personas de habla inglesa y española. Las compañías con sede en Nueva York, Barcelona, La Habana y Buenos Aires enviaban a sus empleados y familias a puertos extranjeros para supervisar sus inversiones, cultivar clientes y buscar oportunidades.
 
En Nueva York, empezó a formarse una comunidad de hispanohablantes. En 1830, los comerciantes organizaron la Sociedad Benéfica Cubana y Puertorriqueña para promover el comercio con esas regiones del Caribe. Comenzaron a surgir negocios para servir a los residentes hispanohablantes, tales como el periódico El Mercurio de Nueva York (1828). Barberos, sastres y dueños de casas de pensión se anunciaban en sus páginas. Hacia 1860, aproximadamente 1,300 españoles y latinoamericanos vivían en la ciudad, la mitad de los cuales había llegado de Cuba o vía Cuba.
 
Cuba también atraía a los estadounidenses. En 1862, casi 2,500 residían en la isla. Cárdenas, en particular, era conocida como “La ciudad norteamericana” por su elevada población estadounidense.
 
Los vínculos entre estas comunidades homólogas fortalecieron aún más las relaciones cubano-norteamericanas.

Elena Rionda in New York City, 1894. George A. Smathers Libraries, University of Florida. Las familias cubanas que exportaban azúcar a Nueva York con frecuencia enviaban a sus hijos a esta ciudad para aprender la lengua, la práctica de negocios y las costumbres del país. Esperaban que comerciantes como Moses Taylor les ayudara a que sus hijos se establecieran y los supervisara durante sus años de estudios. España aún gobernaba en Cuba, pero los cubanos prósperos empezaban a considerar a los Estados Unidos como un lugar importante. Elena Rionda, la hija de catorce años de un poderoso magnate azucarero cubano, recordaba con gran afecto su estadía en Nueva York en 1894. 
Elena Rionda in New York City, 1894. George A. Smathers Libraries, University of Florida.
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