Los neoyorquinos conocen Sudamérica a través de los viajes

Los viajes en barcos de vapor a América Latina se hicieron una realidad en el siglo XIX para quienes contaban con suficientes recursos. Los viajeros regresaban a casa con sus historias y recuerdos. Los productos de aspecto exótico se pusieron de moda. Las neoyorquinas elegantes colocaban pájaros tropicales en sus sombreros y usaban pendientes de caparazones de escarabajos.
 
Las antiguas ruinas de las Américas atrajeron un gran interés a principios de la década de 1840, después de que el equipo formado por el escritor John Lloyd Stephens y el ilustrador Frederick Catherwood publicara el relato de sus viajes a las muchas ciudades mayas de México y Centroamérica. El par de viajeros atribuyó las glorias que presenciaron a los indígenas americanos, contradiciendo la idea de que los europeos o los egipcios habrían sido los responsables de esas creaciones. No sintiendo obligación alguna de dejar los objetos que encontraron en su lugar de origen, se llevaron muchos de ellos a Nueva York para comenzar un Museo de Antigüedades Americanas. Su plan falló cuando el edificio se quemó y muchos de los artefactos fueron destruidos por el fuego.

Eagle Relief, Precolumbian: Mexico; Toltec, 10th–13th century. Lent by the Metropolitan Museum of Art, Gift of Frederic E. Church, 1893 (93.27.1). Este bajorrelieve de un águila, que simboliza el sol de los toltecas de México, proviene de un sitio arqueológico cerca de Tampico, México. El pintor Frederic Church lo compró ahí para donarlo al Metropolitan Museum of Art. Dos de estos relieves, que Church donó en 1893, se encuentran entre los más antiguos objetos precolombinos del museo y actualmente están en exposición allí.
Eagle Relief, Precolumbian: Mexico; Toltec, 10th–13th century. Lent by the Metropolitan Museum of Art, Gift of Frederic E. Church, 1893 (93.27.1).
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