El papel de Nueva York en la guerra y sus repercusiones

Los Estados Unidos entraron en la guerra de Cuba contra España en abril de 1898 y la terminaron cien días después. Nueva York tuvo un papel preponderante en los preparativos para la guerra y en la batalla en sí. Los periódicos de la ciudad y las revistas promovieron la guerra entre el público estadounidense. Los barcos producidos en los Astilleros de la Marina en Brooklyn (Brooklyn Navy Yard) transportaron a  residentes de Nueva York a la batalla y bombardearon las posiciones españolas. El neoyorquino Teddy Roosevelt fue el comandante más glorificado de la guerra. En 1902, luego del asesinato de McKinley, Roosevelt se convirtió en el vigésimo sexto presidente de los Estados Unidos.
 
Con la adquisición de Puerto Rico, Guam y las Filipinas, todas antiguas colonias de España, y la declaración de su derecho a intervenir libremente en los asuntos de Cuba (la Enmienda Platt), los Estados Unidos se convirtieron en una potencia de ultramar. La victoria también facilitó una más amplia presencia militar y comercial de los Estados Unidos en otros lugares de América Latina. En esta avanzada hacia el sur las grandes corporaciones y los bancos con sede en Nueva York jugaron un papel determinante.

Game of War, ca. 1900. New-York Historical Society, The Liman Collection, 2000.483. Los neoyorquinos se estusiasmaron enormemente con la aparición de Estados Unidos como un poder imperial, con Nueva York como su capital de facto. Realizaron una celebración colosal al regreso de héroes como el almirante George Dewey. La comunidad artística colaboró en la creación en Madison Square de un gigantesco arco de triunfo (hecho con una estructura en madera y alambre, recubierta con yeso). La ciudad apenas recordaba ya los días en que temía el poder del imperio español.
Game of War, ca. 1900. New-York Historical Society, The Liman Collection, 2000.483.

Game of War, ca. 1900. New-York Historical Society, The Liman Collection, 2000.483. Un siglo de adquisiciones y conquistas—incluyendo territorios tomados de los indígenas americanos y de los mexicanos al sur y al oeste—convirtieron a los Estados Unidos en una potencia continental. Ahora el país tenía una presencia en el extranjero también. La adquisición norteamericana de los primeros territorios de ultramar provocó un importante cambio en la ley constitucional. Después de la guerra de 1898, la constitución de los Estados Unidos ya no “siguió a la bandera” en todos los territorios nuevamente adquiridos. En las decisiones denominadas “Casos insulares” (1901), la Suprema Corte de Justicia dictaminó que los Estados Unidos podía tener posesiones que no llegarían a convertirse en estados o que no recibirían “toda la gama de derechos constitucionales”. Guam y Puerto Rico se convertirían en los más duraderos ejemplos de tales territorios no incorporados.
 
“Señor Don Nadie de Ningún Lugar” fue como el Dr. Julio Henna—quien combatió contra el colonialismo español y ayudó a diseñar la bandera de Puerto Rico—denominó el nuevo estatus de sus compatriotas en 1900. Cuatro años más tarde, la Suprema Corte comenzó a definir el estado de los puertorriqueños cuando dictaminó que a una mujer llamada Isabel González no se le podía negar la entrada a Nueva York ya que los puertorriqueños no eran “extranjeros” y, por lo tanto, no estaban sujetos a las leyes de inmigración. (Los funcionarios de inmigración habían impedido la entrada de la Sra. González, alegando que se convertiría en una carga pública.)
 
En 1917, el Congreso de los Estados Unidos convirtió a los puertorriqueños en ciudadanos estadounidenses al aprobar el Jones Act, pero logró retener una estructura de gobierno para la isla que limitaba severamente la participación popular.
The National Publishing Company, The United States and its possessions, Puerto Rico, Cuba, Hawaii, Philippine Island and Alaska, 1900. New-York Historical Society.
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