La Guerra de los Diez Años, 1868-78

En 1868, los cubanos y los puertorriqueños se rebelaron contra España, esperando ganar su libertad de la dominación colonial. En Puerto Rico, España sofocó la rebelión llamada el “Grito de Lares.” Pero en Cuba, el “Grito de Yara” marcó el inicio de la feroz Guerra de los Diez Años.
 
La ciudad de Nueva York jugó un papel indispensable en la rebelión. Los exiliados cubanos, muchos de los cuales peleaban ahora por la independencia en lugar de la anexión a los Estados Unidos, se organizaron políticamente para promover su causa y para proveer a los insurgentes de soldados, armas y dinero. Los españoles de Nueva York, leales a su gobierno, intentaron contrarrestar la influencia cada vez mayor del grupo de presión cubano. Proclamaban los beneficios y glorias de la civilización española usando las figuras de Cervantes y de Colón como símbolos ejemplares. También ayudaron a los refugiados de guerra a través de una sociedad española de beneficencia (La Nacional), que aún existe y está ubicada en 239 West 14th Street.
 
Al final, España ganó la Guerra de los Diez Años, pero la pérdida de vidas y la destrucción física prácticamente acabó con la economía de la isla y empujó a muchos más cubanos y españoles a Nueva York.

Theo. R. Davis, “Cuban Ladies in Council at the House of Señora R. Hourritiner, New York City,” Harper’s Weekly, April 17, 1869. Reproduction. New-York Historical Society. Gonzalo de Quesada y Aróstegui, autor de La guerra en Cuba, era un antiguo residente de Nueva York que había obtenido una licencia en leyes de la New York University. El coautor de este libro, Henry Davenport Northrop, escribió varios tomos de historia de gran popularidad. Juntos se convirtieron en efectivos defensores de la causa de la “Cuba Libre”.
Gonzalo de Quesada and Henry Davenport Northrop, The War in Cuba: Being a Full Account of Her Great Struggle for Freedom. Chicago: Liberty Publishing Company, 1896. New-York Historical Society.

In Aid of Cuban Liberty Benefit Ticket, May 30, 1870. Emilio Cueto Collection, Washington D.C. Los exiliados que huían de la guerra y la represión en Cuba y Puerto Rico y los revolucionarios de todo el mundo de habla hispana encontraron un refugio en Nueva York. Aquí los puertorriqueños Ramón Emeterio Betances y Eugenio María de Hostos, el dominicano Gregorio Luperón, el chileno Benjamín Vicuña McKenna y los cubanos José Morales Lemus y Emilia Casanova de Villaverde llevaron a cabo sus planes y complots sin miedo a ser arrestados.
 
Una causa que ganó adeptos fue la solidaridad antillana, más tarde expresada por la poeta puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió en su verso “Cuba y Puerto Rico son / de un pájaro dos alas.”
 
Los activistas en pro de la independencia publicaban periódicos, daban conferencias públicas, recababan fondos y creaban grupos de presión. También contrabandeaban armas y ayudaban a las víctimas de la guerra. Entre las muchas organizaciones que se formaron estuvo la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico (1865), que abogaba por la abolición de la esclavitud y a favor de la independencia. La Liga de Hijas de Cuba (1869) movilizó a las mujeres para la lucha.
In Aid of Cuban Liberty Benefit Ticket, May 30, 1870. Emilio Cueto Collection, Washington D.C.

“Emilia C. de Villaverde,” Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde, escritos por un contemporáneo. Nueva York, 1874. General Research Division, The New York Public Library. Un semillero de actividad militante era una vieja mansión en lo que hoy se conoce como Hunts Point en El Bronx. Se dice que fue allí donde la activista Emilia Casanova y su marido, el escritor exiliado Cirilo Villaverde, recolectaron armas y municiones para contrabandearlas hacia el estrecho de Long Island y de allí expedirlas hacia el sur con destino a los rebeldes de Cuba.
“Emilia C. de Villaverde,” Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde, escritos por un contemporáneo. Nueva York, 1874. General Research Division, The New York Public Library.
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