Sobre la Exposición

17 de Septiembre 2010 - 9 de Enero 2011
El Museo del Barrio

En una unión excepcional, la New-York Historical Society (Sociedad Histórica de Nueva York) y El Museo del Barrio han colaborado para curar Nueva York (1613-1945), importante exposición que explora cómo la larga y profunda relación de Nueva York con España y Latinoamérica ha influido en casi todo los aspectos del desarrollo de la ciudad. La exposición puede ser vista en El Museo del Barrio, mientras el edificio histórico de la New-York Historical Society (Sociedad Histórica de Nueva York) localizado en Central Park West está bajo renovación.

El curador invitado de Nueva York es Marci Reaven, Director General de la Organización Cultural City Lore. El historiador principal de la exposición es Mike Wallace, distinguido Profesor de Historia en la City University of New York, y ganador del premio Pulitzer por ser co-autor de Gotham: A History of New York City to 1898.

Nueva York (1613-1945) está moldeada en base a la aclamada iniciativa de dos años de la New-York Historical Society (Sociedad Histórica de Nueva York) que investigó la esclavitud en la ciudad. La muestra abarca un período de tres siglos de historia y combina una amplia cantidad de recursos, incluyendo pantallas interactivas, estaciones auditivas, producciones de video, muchos mapas históricos curiosos, cartas, pancartas, pinturas, dibujos, y otros objetos de las colecciones de ambos museos, al igual que de muchas otras instituciones distinguidas y colecciones privadas. Debido a las diferentes misiones de la New-York Historical Society (Sociedad Histórica de Nueva York) y El Museo del Barrio, la exposición saca a relucir materiales históricos y artísticos, una combinación que enriquece la Historia y les da a los visitantes una ventana amplia e inusual dentro de este excepcional pasaje.

El “Nueva York” del presente, la masiva y diversa constelación de residentes hispanohablantes de la ciudad, es un fenómeno reciente que comenzó a surgir debido a los llegados de Puerto Rico en las décadas 1930 y 1940. Aun así, la relación entre la isla y el mundo del habla hispana data de los comienzos de la ciudad, y antecede al asentamiento holandés en Manhattan en los años 1620. Por el tiempo de la Revolución Estadounidense, inmigrantes españoles y latinoamericanos comenzaron a filtrarse a la ciudad, y los números se incrementaron a través de los siglos XIX y XX. Es una historia no de décadas sino de siglos, y las interacciones entre España, Latinoamérica y Nueva York desde 1613 hasta 1945 tienen una influencia más grande en el moldear del desarrollo amplio de la ciudad del que comúnmente se cree, pues dejaron una gran marca en el comercio, la cultura, la manufactura y las finanzas del Nueva York contemporáneo. Nueva York (1613-1945) conecta estas historias por primera vez, en cinco galerías organizadas por tema y período.

Galería 1 – Nueva York (1613-1945)
La exposición comienza en los principios del siglo XVII con la historia de Jan Rodrigues, un marinero de raza mixta y habla hispana proveniente de Santo Domingo, y el primer residente extranjero de Manhattan. La historia continúa hacia el período colonial, cuando los imperios europeos luchaban por supremacía en el Nuevo Mundo y otras regiones. Durante este lapso, los holandeses e ingleses protestantes desarrollaron una profunda cultura de antipatía hacia los españoles católicos, un prejuicio que se propagó hacia las otras colonias y luego se conoció cómo la “Leyenda Negra”. El holandés tenía una causa adicional para odiar al ibérico: la monarquía española reinó sobre los Países Bajos. Después de que España apoyara a los colonos durante la Revolución Estadounidense, algunos de estos prejuicios se amansaron, por lo menos en Estados Unidos. Mas sin embargo, las rebeliones contra los españoles eran extensas y constantes en el hemisferio occidental en los años venideros, y los rebeldes muy a menudo encontraban apoyo entre los neoyorquinos.

Galería 2 – Intercambio con América Hispana (1825-1900)
Sus respectivas revoluciones les permitieron a Estados Unidos y los países de la América hispanohablante relacionarse el uno con el otro. Estados Unidos
también intercambiaba extensamente con Cuba y Puerto Rico, aunque estas islas aún eran colonias, y por lo tanto Estados Unidos tenía que pagar impuestos a España. Los comerciantes anglosajones prosperaron debido a este comercio, especialmente aquellos en la ciudad de Nueva York. El producto más valioso era el azúcar. La caña crecía en las islas del Caribe, parcialmente procesada ahí, resultando en el almíbar llamado azúcar crudo, y luego enviado al norte para mayor tratamiento. Este patrón básico comenzó con la apertura de la primera refinería en Nueva York en los años 1720 y luego continuó entrando al siglo XX. El envío al norte trasladó el centro de ganancias de los campos de azúcar a las factorías en Nueva York. Para 1860, Brooklyn era el centro mundial de la refinería del azúcar, y el término “barones del azúcar” entró al léxico estadounidense.

Recurso 3: La Captura Holandesa de una flota de plata española
Lazos de intercambio pusieron al anglo e hispanohablante en contactos más cercanos, y esto fomentó un intercambio cultural vigoroso. Tanto Washington Irving cómo William Merritt Chase hicieron viajes de Nueva York a España, y el trabajo romántico que produjeron ahí –libros y ensayos por Irving, pinturas de Chase influenciadas por Velázquez— ayudaron a amansar los duraderos sentimientos negativos de los estadounidenses contra los españoles. Frederic Edwin Church viajó a Suramérica para pintar los paisajes majestuosos que capturaban las imaginaciones de su audiencia en Estados Unidos. Al mismo tiempo, gente de España y de las que una vez fueron sus colonias arribaban a Nueva York, entre ellos artistas, escritores, arquitectos, intelectuales, exiliados, y un joven estudiante quién se convertiría en el primer cubano en jugar béisbol profesional en Estados Unidos. Estos recién llegados contribuyeron a la continua interacción cultural entre las comunidades hispano y anglohablantes. Para 1870, la población neoyorquina incluía 3.600 personas de España o Latinoamérica, y rótulos anunciando Se habla español comenzaron a aparecer en las ventanas de las tiendas.

Galería 4 – Encuentros Políticos (1850-1930)
Para 1825, España había perdido la mayoría de sus colonias americanas. Conservó sus islas hacendadas en el Caribe, pero tuvo que pelear contra rebeliones y revueltas casi todo el siglo XIX. A través de este período, la ciudad de Nueva York era el crisol de la larga batalla contra el dominio español en Cuba y Puerto Rico. Aquí, los exiliados encontraron refugio, publicaron periódicos y fomentaron insurrecciones. De Félix Valera en los años 1820 a la misión cubana fallida de Narciso López en 1850, a la feroz Guerra de los Diez Años (1868-1878), a la exitosa rebelión comenzada por José Martí en 1895, Nueva York proveyó a los activistas políticos con una base en la cual podían organizarse y recoger fondos. En 1898, Estados Unidos intervino en la Guerra Hispano-Cubana que Martí había organizado y la trajo a un final rápido. Con el armisticio, España fue desterrada de sus últimas colonias caribeñas. Estados Unidos emergió cómo un poder colonial e imperial, habiendo adquirido Puerto Rico, Guam y Filipinas, y legislado su derecho de intervenir en Cuba. Una vez que los puertorriqueños recibieron la ciudadanía en 1917, comenzaron a emigrar a Nueva York en grandes números. Para 1920, había más de 7.000 puertorriqueños en Nueva York, una cifra que continuaría creciendo sustancialmente en las próximas décadas.

Galería 5 - El paisaje Hispano de Nueva York (1900-1945)
Entre la Guerra Hispano-Cubana-Estadounidense y la Segunda Guerra Mundial, la inmigración desde los países de habla hispana se incrementó. El censo de 1940 muestra 165.000 personas de descendencia española o latina en la ciudad de Nueva York, viviendo en grupos en Brooklyn, El Bronx y Manhattan, especialmente en “El Barrio” localizado en el este de Harlem. Esta creciente comunidad hispana tuvo un mayor impacto en la vida cultural de Nueva York. Y proveyó a la ciudad con una banda sonora que corría desde Machito y Xavier Cugat a Tito Puente y los grandes percusionistas latinos. Mientras Nueva York se convertía en un centro mundial de cultura, los artistas comenzaron a llegar a las escuelas de la ciudad, galerías y museos. El Museum of Modern Art (Museo de Arte Moderno) introdujo a los neoyorquinos y el resto de la nación a las artes y artistas de las Américas, incluyendo los grandes muralistas mexicanos Diego Rivera y José Clemente Orozco. La Hispanic Society of America (Sociedad Hispana de America) exhibió joyería hecha por artesanos musulmanes de Valencia, y pinturas por el español Joaquín Sorolla y Bastida. La Galería 5 termina con un pequeño filme de Ric Burns que discute la épica inmigración a Nueva York después de la Segunda Guerra Mundial, cuando cientos de miles, y luego millones llegaron de Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Colombia, México, Ecuador y otros lugares de Latinoamérica para crear la ciudad Nueva York que conocemos hoy.

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